Bueno pues resulta que ayer entre el cansancio acumulado y el horario mexicano, no me dormí, me desmayé. Desperté por ahí de las 10 pm solo para volverme a dormir y despertar a la 1 am. Escuchó un buen ambiente en la calle y aunque me vestí para ir a ver, las puertas del Hostal estaban cerradas y no quise hacer el rídiculo intentando abrirlas para que de todas formas me dijeran que eso no se podía, ni modo, traje bastante con que entretenerme.
Pusé el mp3 donde traigo varias cancioncillas que tanto me gustan, Chuck Mangione, Dave Brubeck, escucho los saxes emitir lánguidas, tristes, cachondas notas, escucho a Nina Simone cantar con esa pasión que siempre me ha gustado, mientras Julio Cortázar me cuenta La salud de los enfermos y no puedo evitar preguntarme, no es que no aprecie sus dotes artísticos muchachos pero ¿por qué carajos nadie trajo algo de comer? Pequeño detallito que no preví al encerrarme en mi cuarto. Porque para acabarla de joder parece que aquí debajo está la cocina de un bar donde están preparando pizzas, puedo ver a través del balcón, mirándo hacia abajo donde está el tragaluz de la cocina como va y viene el cocinero con pequeños circulos de masa a los que les pone una salsa roja como base. Carajo, esto es malo para el autoestima cuando uno tiene hambre.
Por ahí de las 5 am me volví a dormir y a las 10 de la mañana ya estaba listo para salir. Me habían recomendado ir a Agrigento para conocer el Valle de los Templos. Todo un valle de Templos pensé para mí. Las direcciones se las pedí a la señorita, tan amable y guapa ella, de la recepción y me dice que en la estación de trenes sale un bus para Agrigento. Lánzome no sin antes pasar por mi café frappé. En mi camino me encuentro con un mercado, tianguis le decimos nosotros, y me doy una vueltita pa'ver como es. Me compré una circuela del tamaño de mi mano realmente sabrosa y al final del mercado esta la estación, ahí pregunte por el dichoso bus en la oficinilla de atención turística y me dicen que busque a la empresa Cufaro, que es la que va hacia Agrigento. Aquí debo decir que estos italianitos son mas bien bromistas ya que me metí a comprar mi desayuno y me dije, pues aprovecho para pedir direcciones. El encargado, ya que le pagué por su puesto, me manda dos cuadras hacia adelante y luego hacia la izquierda. Ta'bueno me dije. No fue otra cosa que un tremendo ridículo que afortunadamente nada más él, yo, y ahora tú, conocemos porque avance las mentadas cuadras buscando un autobus que dijera Cufaro y pues no vi nada, regresé, por una calle paralela a la estación de trenes para volver a empezar y cuál fue mi sorpresa al ver los mentados camiones estacionados frente al local donde compré mi desayuno. Chistocito el italiano ¿no?
Pagué 8.50 euros y dos horas despues estaba yo en Agrigento, donde tuve que investigar ahora como llegar a las ruinas, boleto que me costó 1 euro más y que corresponde al autobus No. 1 de la empresa TUA, un bus naranja del mismo modelo de los que hay ahora en CU. Le pregunté como pude al conductor, la viva imagén de Luca Brassi por cierto, si pasaba por los Templos, the Temples, exclamaba yo a modo de pregunta. Este únicamente me contestó con un corto y seco si, pero juraría que pensó, si ya no me estes chingando. Me fui a sentar y esperar la salida. A los 5 minutos se subió una señora quien en un itliano fluido me pregunta si es el número 3. Yo, con cara de pendejo (pos que otra ¿verdad?) le hago saber, primero, que soy turista y que es el número 1, ella con cara de carajo-con-los-turistas, confirma y luego se sube al camión. Si ella buscaba el 3 y se sube ¿me debí haber bajado? Le confirmo el número y luego le pregunto, otra vez con mi cara de soy-un-turista-ignorante-por-favor-no-me-vayas-a-mentir, si pasa por los Templos, the Temples. Si, si pasa, contesta ella igual de seca y fastidiada que el conductor. Mas tranquilo me dispongo a disfrutar del viaje en cuanto arranca el camión. Ahora, no sé si como chilango estoy mal acostumbrado, pero me cae que si veo que alguien, que no es del DF, buscando una dirección pues le digo cuando bajarse. Pues este no fue el caso, por lo menos de los sicilianos. Hubo un momento en que dude bajarme, porque aunuqe nunca se ve explícitamente toooodo un pinche valle con Templos de la época de los griegos si llegué a ver una columna estilo, pues no sé si dórico o jónico, pero columna al fin. Mea culpa, lo sé.
El camioncito siguó su curso, la señora quitada de la pena me veía y Luca Brassi ni se inmutó. Mas adelante se subieron mas lugareños y el valle no aparecía. En lo que ya obviamente no era zona turística, sino unos multifamiliares, se subieron otros lugareños, 6 si mal no recuerdo de los cuales únicamente se sentaron 5 y una de ellas, una doña más bien regordeta, se apostó junto a Luca Brassi y se pusó a platicar con él cual viejos conocidos, o eso creía yo. Y del valle, ni sus luces. En una de esas el camión da vuelta en U en una zona que parecia todo menos dispuesta a recibir al turista con los brazos abiertos y se detiene. Si aquí todos se levantan y se bajan ya-me-chingué-bien-y-bonito pensé para mí. La doña, quien no hizo otra cosa que platicar con el conductor todo el trayecto parada justo debajo de un bonito letrero pegado en el camión que decía "si prego non parlare al conducente", fue increpada por sus cinco acompañantes en algo que solo pude interpretar como un ¡ya carajo, sientate! cosa que, claro, no hizo y de hecho debo admitir que desestimó con cierta gracia. El bus arrancó de nuevo así como mi pulso y retomamos el trayecto ahora de vuelta.
Volvimo a pasar por el lugar donde vi la columna encima de una pequeña lomita y me dije: Sergio, de aquí eres. No estaba completamente fuera de mi asiento cuando mi dedo estaba tocando el timbre del mentado camioncito y mi mente les estaba mentando la madre a estos sicilianos por indolentes. Me bajé donde tuve que haberme bajado desde un principio y busqué como entrar al mentado Valle dei Templi mientras el camión se perdiía en una curva.
En la taquilla me atendió una señora que me preguntó ¿Desea entrar al valle y al museo, o únicamente al valle?. Ah chingá pensé yo muy extrañado, entendí todo, ¿será posible o el calor me está haciendo alcucinar? Como no puedo pensar sin poner cara de pendejo, la señora detrás del vidrio de la taquilla volvió a preguntar ¿Habla usted español? Pregunta que hizo desvanecer mis fantasías en las doctrinas profesadas por el hermermetismo y me hizo balbucear un Ah si je je je, también con cara de pendejo. Resulta que esta señora, de nombre Liz García Millán es intérprete y guía de turistas, originaria de Cuernavaca, Morelos y obviamente radicada en Sicilia. Le compré mi boleto y ella después me dió su tarjeta no sin antes muy amablemente ofrecerme su ayuda en lo que yo neceistará. Nunca había valorado lo agradable que es cuando alguien te ofrece ayuda en tu idioma, misma que no creo ocupar pero igual se agradece.
Caminé, me acaloré y tomé tantas fotos como pude en una avenida de avenida de no más de 2 kilómetros a lo largo de los cuales están las ruinas de los mentados Templos, dos de ellos muy bien conservados por cierto, y con una vista muy bonita donde se puede divisar, supongo yo, todo Agrigento así como el Golfo de Sicilia. Al salir chequé mi reloj e hice cuentas. ¡Mierda! pensé, erán las 5 y el último camión hacia Palermo sale a las 6:30, pero no voy a malgastar esos dos euros extras para ver el museo, así que tan pronto como pude caminé el kilómetro a la entrada del museo y lo recorrí en tiempo récord, apenas viendo las piezas exhibidas para luego salir y esperar mi camioncito No. 2 de vuelta al centro de Agrigento. Lo tomé, pero resultaba que habia que pagarlo antes, sepa la madre donde. El conductor, mucho más amable que el anterior, adivinó lo jodido que estaba y me dió a entender que le pasará. Llevé mi humanidad al fondo del camión del cual me bajé en l'ultima fermata para luego tomar el bus que me llevará de vuelta a Palermo a donde llegué a las 9 de la noche directo a una trattoria en el centro para refinarme un spaghetti bolognesa mas bien malón pero no importó mucho porque tenía demasiada hambre.
Llegué a mi cuarto a las 10 de la noche directo a echarme un regaderazo y luego disfrutar de un buena pestañita restauradora.
Hasta mañana